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© 2014 Elizabeth Vorony

martes, 20 de agosto de 2013

martes, 13 de agosto de 2013

Desperté desnuda, casi sin piel, con los ovarios carcomidos por un reloj de arena y etanol, con la cadera fracturada por falos fantasmales que eyacularon caricias y falacias.

Ahí estaba mi pobre carroña entintada en una caja infinita, sin paredes ni esquinas, ni cielo ni tierra, ni norte ni sur; un blanco inmenso que me asfixia la coherencia entre la anhedonia de mis sueños y el furor de mi bilis derramada.

Y cuando intenté caminar en una dirección me di cuenta que mis pies se desintegraban en recuerdos calcinados; comprendí que estaba atrapada en un espacio estéril, lejos muy lejos del mar de formaldehído que buscaba con angustia para encontrarme con tu infinita mirada color oliva... y hundirme junto al cadáver de tu macabra partida....
A muchos de ustedes les asusta la muerte sólo porque no la conocen...

  ... A mí me asusta más la vida, precisamente porque la conozco.
...Cometa sanguíneo, fugaz, infinito...

...en polvo liquido entre mis palmas y en plasma simiente de los ojos que amo,

 de la piel en la que me fundo, de las manos que me equilibran, te fundiste...

...Entre hojas y vientos otoñales, puro e inocente en mi vientre te cobijaste...

...Piélago interno de ilusiones y sonrisas, páramo de incertidumbres y miedos...

...Sueño eterno y angustias nulas entre lágrimas y metanal...

...Criatura de entonaciones ya no palpitantes y besos acuosos...

... Fracción certera, eterna, perfecta, de este amor ...

...Setenta y siete días latente, dentro; también en mi mente y mi pecho...

...Fundamento de mis espasmos y sus insomnios...

...En un velero químico de paz y amor en invierno partiste...

...Descalabro espinal de ciento sesenta y tres días, epílogo marchito de una terna cósmica...

...Me he escuchado en un espejo de reflexiones ácidas, danzando esquizoide en el fúnebre ojo del huracán vagamente invocado; y sin embargo me he tomado el tiempo para trenzar mi pelo con una errática actitud que fornica con quimeras amargas de nieve catatónica, únicamente para desmembrarme la mente y los huesos con la enervante tempestad oriunda de mis miedos...