...Suponga usted, que llega a su vida una depresión que va más allá del desgane y la tristeza. Una especie de semilla diabólica sembrada en su garganta y que aceleradamente va creciendo por cada una de sus arterias. Todo un reinado de angustia viral en su cuerpo controlado por su mente, sus defensas han sido dopadas y sus fuerzas mermadas...
Cruelmente ese embrión ha sido fecundado sin inconveniente alguno en mi sistema, se alimenta de mis mal formadas dendritas, las devora, las ultraja y luego las tira cual rameras al olvido.
Siento las raíces del fruto crecer a pasos agigantados, se pasean por mis costillas, las quiebran, las dejan cual ruina arqueológica. El endosperma trae consigo a la peor de mis enemigas y a la mejor de mis amantes, aquella anhedonia feroz, infame y seductora.
Ya nada me motiva cuando la germanización comienza, no encuentro paz en la soledad que antes me confortaba, no hay deseos de convivir con humanos más allá de la mentira cibernética, que tristemente, es el último escaparate que el embrión no me ha carbonizado.
Ya no quiero que la luz del sol toque mi cabello para hacer brillar su peculiar tonalidad que tan especial me hacía sentir, sin embargo, hecho de menos su cálido abrigo de esperanza y energía, bajo el que mis sueños y alicientes se forjaban como titanes.
Exclamo en eterno silencio por mis mejillas tan agrietadas, tan profanadas, tan víctimas de la ansiedad de mis uñas esquizoides, que ya no deseo comer un gramo de alimento por que el cuesco de mi traquea me desgarraría con remordimientos al rojo vivo.
Mucho menos pienso en asear mi hediondo cuerpo o esforzarme en mantener el pelo bajo fémina coquetería, los labios rojos o mis dientes blancos.
Mis piernas temblorosas revelan el desarrollo airoso del parásito que se enreda con mis músculos hasta asfixiarlos de estrés; mis caderas son atardeceres remotos de inviernos obstinados y mi vulva es cementerio de pasiones y sensaciones hipócritas, templo vandalizado de licores huidizos...
Llegó al fin la hora, hay un nuevo fruto en mi interior.
Estoy temblando de miedo; igual que si fueses perseguido por una jauría de lobos hambrientos y al final de tus energías y esperanzas llegaras a un precipicio...
...Pánico igual al que se siente al pensar en ser la desdichada víctima de un asesinato atroz, esperando por su turno detrás de una puerta carcomida que nos hace testigo de la masacre de nuestra amada familia...
...Terror como el que manifiesta un religioso enajenado ante un suceso paranormal; esa sensación de estar vulnerable en un escenario tétrico y solitario, rodeado de espectros malignos, invisibles y poderosos que atentan contra el juicio y la integridad física...
Solo puedo encoger la cabeza entre mis hombros e intentar acercar las rodillas a mi decrépito rostro, cubrirme los oídos con estas débiles manos resecas y llorar las horas esperando el anhelado final de mi existencia.
...La semilla, ha florecido en mis entrañas...
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© 2014 Elizabeth Vorony
lunes, 3 de junio de 2013
Yliannos
¿Qué tan estólido se puede llegar a ser?
¿Tan cobarde como cobre y plata en azules y escarlatas?
...Fui al cosmos en una pupila dilatada..
...Colgué mis adoloridas muelas en meteoritos que use tiempo después como estimulantes...
...Fui tan cobarde como cobre y plata en azules y escarlatas...
...Tan estúpida como el etílico hedor danzante de Saturno...
...Así que no resistí la lujuria intravenosa y tomé el primer catamaran que logré divisar entre la ansiedad de mis arterias, la desesperación de mi sexo, la soledad de mis cadenas cerebrales, y la abrumadora sensación de sentirse amado, los excesos estrambóticos, las demencias fomentadas, el pánico colectivo y la airosa cobardía; aquella necesidad enfermiza de anhedonia, esa desesperanza en la felicidad, y la soberbia del placer, la agonía de sentirse esencial y la insatisfacción en un orgasmo culposo....
...Fue de esa manera que aquel navío ostentoso y frío me llevo a esas tierras de nieve amarga, de psicotrópicos frutos- pasaporte a un instante voluble y paralelo- enervante licor del vacío, el suelo infértil e incoloro de la tierra prometida, aquella de dónde fui desterrada por no querer alimentar mi epitafio de bronces polvos de hadas ...
¿Tan cobarde como cobre y plata en azules y escarlatas?
...Fui al cosmos en una pupila dilatada..
...Colgué mis adoloridas muelas en meteoritos que use tiempo después como estimulantes...
...Fui tan cobarde como cobre y plata en azules y escarlatas...
...Tan estúpida como el etílico hedor danzante de Saturno...
...Así que no resistí la lujuria intravenosa y tomé el primer catamaran que logré divisar entre la ansiedad de mis arterias, la desesperación de mi sexo, la soledad de mis cadenas cerebrales, y la abrumadora sensación de sentirse amado, los excesos estrambóticos, las demencias fomentadas, el pánico colectivo y la airosa cobardía; aquella necesidad enfermiza de anhedonia, esa desesperanza en la felicidad, y la soberbia del placer, la agonía de sentirse esencial y la insatisfacción en un orgasmo culposo....
...Fue de esa manera que aquel navío ostentoso y frío me llevo a esas tierras de nieve amarga, de psicotrópicos frutos- pasaporte a un instante voluble y paralelo- enervante licor del vacío, el suelo infértil e incoloro de la tierra prometida, aquella de dónde fui desterrada por no querer alimentar mi epitafio de bronces polvos de hadas ...
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