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© 2014 Elizabeth Vorony

martes, 13 de agosto de 2013

Desperté desnuda, casi sin piel, con los ovarios carcomidos por un reloj de arena y etanol, con la cadera fracturada por falos fantasmales que eyacularon caricias y falacias.

Ahí estaba mi pobre carroña entintada en una caja infinita, sin paredes ni esquinas, ni cielo ni tierra, ni norte ni sur; un blanco inmenso que me asfixia la coherencia entre la anhedonia de mis sueños y el furor de mi bilis derramada.

Y cuando intenté caminar en una dirección me di cuenta que mis pies se desintegraban en recuerdos calcinados; comprendí que estaba atrapada en un espacio estéril, lejos muy lejos del mar de formaldehído que buscaba con angustia para encontrarme con tu infinita mirada color oliva... y hundirme junto al cadáver de tu macabra partida....

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