Desperté desnuda, casi sin piel, con los ovarios carcomidos por un reloj de arena y etanol, con la cadera fracturada por falos fantasmales que eyacularon caricias y falacias.
Ahí estaba mi pobre carroña entintada en una caja infinita, sin paredes ni esquinas, ni cielo ni tierra, ni norte ni sur; un blanco inmenso que me asfixia la coherencia entre la anhedonia de mis sueños y el furor de mi bilis derramada.
Y cuando intenté caminar en una dirección me di cuenta que mis pies se desintegraban en recuerdos calcinados; comprendí que estaba atrapada en un espacio estéril, lejos muy lejos del mar de formaldehído que buscaba con angustia para encontrarme con tu infinita mirada color oliva... y hundirme junto al cadáver de tu macabra partida....
De mis favoritos, sin duda alguna...
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