Me tomo por el cuello, me amó nuevamente, me enamoró con las palabras que nunca dijo, me hechizó con las acciones que nunca cometió.
Ésa forma tan salvaje y apasionada con la que me hacía el amor cuando nos fundimos entre la lluvia otoñal, el petricor en el aire y el sudor en nuestras pelvis.
Me tomó por sorpresa bajo la luna llena, mis senos brillaban por su presencia a la par de las estrellas y fue en uno de mis bostezos que a penas ví su rostro desvanecerse en acuarelas fluorescentes, en falacias rimbombantes y cobrardías legendarias, fue cuando logré sentir su aroma, el que se difuminaba con el viento del último día Febrero.
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