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© 2014 Elizabeth Vorony

sábado, 8 de junio de 2013

Korppivaris

El eclipse siniestro de un execrable depredador se proyecta en tu sendero...

Desmenuza tus sentidos y se atiborra de tu pánico...

Carcajea en coro sus doce pezuñas y cercena con sus tajantes y astillados dientes tu piel...

Ultraja tu esencia mientras te priva del oxigeno y entierra su ácido y putrefacto sudor en la mente...

Carraspea en tu rostro,  zahiere tu existencia y se marcha...

Te deja agónico y perturbado en la turbia ciénega del coraje, la angustia y el dolor...

¿Qué haces?

Te levantas, sientes tus huesos palpitar y la carne al rojo vivo, pero soportas el ardor, por que sabes que si te quedas a llorar aparecerá su fiel buitre vástago de las desgracias y sin misericordia alguna desgarrará tus fuerzas, tragará la luz de tu iris y el anhelo de tus utopías....

Te incorporas y cierras los ojos, continuas ciego a lo mundano y extrasensorial al cosmos...

Ahí encuentras un rupestre espejo, te ensimismas en él y miras las lineas infinitas y profundas en tu rostro, esas llagas que aún no sanan y las que portan la insignia de la sabiduría...

Tomas un baño de melancólicas salivas y ostentosos laureles del ayer, y si logras desmembrar cada poro de tu piel, percibir las mil voces que en tu cabeza galopan como cometas, si aún con tu trepidante cuerpo puedes dar a luz a tus demonios...

Aún así, puedes encontrar tu fuerza interna, intacta, lista para volar aún en el cielo más gris, aún bajo la más mortífera tormenta eléctrica como un cuervo, elegante, ágil y siniestro...

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